La memoria y la comprensión de los textos: por qué olvidamos lo que leemos (y cómo recordarlo mejor)
Antes de seguir, haz esta pequeña prueba. Lee el siguiente fragmento con atención e intenta recordar todo lo que puedas:
«En realidad el procedimiento es bastante simple. Primero dispones las cosas en grupos diferentes. Naturalmente, una pila puede ser suficiente, dependiendo de cuánto haya que hacer. […] Es importante no embrollar las cosas. Es decir, es mejor hacer pocas cosas a la vez, que demasiadas. […] Cuando el procedimiento se ha completado se dispone de nuevo el material en grupos diferentes. Luego pueden colocarse en sus lugares adecuados».
¿De qué habla este texto? ¿Cuánto crees que recordarías dentro de un rato?
Ahora te digo el título: «El lavado de la ropa». Vuelve a leerlo.
¿A que ahora todo encaja? Este pequeño truco es, en realidad, uno de los experimentos más conocidos de la psicología de la memoria: el que realizaron Bransford y Johnson en 1973. Y lo que demostró sigue explicando hoy por qué a veces leemos algo y, al rato, no recordamos nada.
El experimento: mismo texto, tres resultados distintos
Bransford y Johnson dividieron a los participantes en tres grupos:
- Grupo 1: leyeron el texto tal cual, sin título.
- Grupo 2: leyeron el mismo texto, pero precedido del título «El lavado de la ropa».
- Grupo 3: recibieron el título solo después de leerlo, cuando el texto ya se les había retirado.
A continuación, todos debían escribir todo lo que recordaran y valorar en una escala del 1 al 7 la dificultad de la tarea. Estos fueron los resultados:
| Grupo | Ideas recordadas (de 18) | Dificultad percibida (1-7) |
| Sin título | 2,8 | 5,7 |
| Con título antes de leer | 6,5 | 2,3 |
| Con título después de leer | 3,0 | 5,4 |
El mismo texto. Las mismas instrucciones. Y, sin embargo, quienes conocían el título antes de leer recordaron más del doble de ideas y encontraron la tarea mucho más fácil. Otro dato revelador: dar el título después de la lectura no sirvió de nada; el grupo 3 rindió igual que el grupo 1.
¿Memoria grabadora o memoria constructora?
La psicología de la memoria ha vivido históricamente un debate entre dos grandes tradiciones:
- La tradición asociacionista (con Ebbinghaus como referente) concibe la memoria como un acumulado de asociaciones: la persona sería casi un receptor pasivo que registra y almacena información.
- La tradición constructivista (con Bartlett como referente) defiende que recordar es reconstruir: usamos nuestros conocimientos previos para dar sentido, organizar y reinterpretar lo que aprendemos.
Si fuéramos simples grabadoras, el título no habría cambiado nada: los tres grupos habrían recordado lo mismo. Pero no fue así. Los resultados encajan con la visión constructivista: con el título, el texto dejó de ser una sopa de frases abstractas y cada lector pudo activar lo que ya sabía sobre lavar ropa (sus esquemas, sus imágenes, sus experiencias) y colgar ahí la información nueva. Comprendemos mejor, retenemos mejor y recordamos mejor aquello que tiene significado para nosotros.
Qué está haciendo tu memoria mientras lees
Aunque no lo notes, leer y recordar un texto pone en marcha varios sistemas a la vez:
- La memoria sensorial: la información entra por la vista (memoria icónica) y, si además escuchas instrucciones, también por el oído (memoria ecoica).
- La memoria de trabajo: es el «taller» donde se procesa la información. Allí trabajan el ejecutivo central (el director de orquesta que reparte los procesos), el bucle fonológico (esa vocecita interna que repite lo que vas leyendo) y la agenda visuoespacial (que te permite crear imágenes mentales de lo que lees). También entra en juego un proceso de inhibición, que filtra para que no te satures de información irrelevante.
- La memoria a largo plazo: se activa para ayudarte. La memoria semántica aporta el significado de las palabras y las relaciones entre conceptos, y la memoria episódica trae tus propias experiencias (la última vez que pusiste una lavadora, por ejemplo).
Cuando el texto tiene título y sentido, todos estos sistemas se coordinan mejor: hay imágenes, hay relaciones, hay experiencia previa. Cuando no lo tiene, trabajan a ciegas.
¿Por qué unas personas recuerdan más que otras?
De este experimento, y de lo que sabemos sobre la memoria, se desprenden varios factores:
- Los conocimientos previos y la comprensión: el factor estrella en este caso. Cuanto más significado tiene un material para ti, mejor se adquiere, mejor se retiene y mejor se recupera.
- La motivación: las personas motivadas mejoran su retención.
- Los estados internos: el estado de ánimo, el estrés o la depresión influyen en la memoria. Algo a tener en cuenta si atraviesas una época difícil y notas que «te falla la memoria»: no te estás volviendo despistada sin más; tu sistema está pidiendo atención y cuidado.
- El hábito y las estrategias: quien está acostumbrado a estudiar ha desarrollado técnicas y soltura para memorizar.
Y lo que no marcó la diferencia en este experimento: el contexto externo (era el mismo para todos los participantes) ni el material en sí (el texto era idéntico en los tres grupos; lo que cambió el resultado fue disponer del título antes de leer).
Tres claves para recordar mejor lo que lees
Si mañana tuvieras que memorizar un texto tan confuso como el del experimento, la psicología de la memoria te daría estas pistas:
- Cuida primero la atención. La información que no supera el filtro atencional no podrá recuperarse después de manera consciente. Lee sin distracciones, con foco.
- Relaciónalo contigo. La técnica de la autorreferencia (conectar la información con tus propios aspectos y experiencias) refuerza la codificación. Pregúntate: ¿qué tiene que ver esto conmigo?
- Haz un repaso final y rápido, a modo de síntesis de todo lo anterior.
En cambio, con un texto largo y abstracto no te ayudarán demasiado los trucos elaborados (acrónimos, rimas o acrósticos): requieren más tiempo del que la tarea da de sí.
En resumen
Tu memoria no es un disco duro que graba: es una constructora que da sentido. Necesita contexto, significado, atención y calma para rendir. Por eso olvidas lo que lees «en abstracto» y recuerdas durante años aquello que te tocó.
Si últimamente notas que la concentración o la memoria te cuestan más que antes, puede ser una señal de que tu sistema está saturado (estrés, ansiedad o un momento vital difícil). Es algo que se puede trabajar en terapia. Si quieres, hablemos: puedes agendar tu sesión desde mi web.
Referencias
Bransford, J. D. y Johnson, M. K. (1973). Considerations of some problems of comprehension. En W. G. Chase (Ed.), Visual Information Processing. Nueva York: Academic Press.
De la Fuente, A. J. y Pousada, F. M. (2019). Los sistemas de memoria. Ed. Oberta UOC Publishing.
Sáiz, R. D. (2019). Aspectos conceptuales y metodológicos. Ed. Oberta UOC Publishing.
Sáiz, R. D.; De la Fuente, A. J.; Pousada, F. M.; Baqués, C. J. y Vera, F. J. A. (2019). Aplicaciones de la psicología de la memoria: optimización de la memoria: sistemas mnemotécnicos. Ed. Oberta UOC Publishing.
