Al principio, cuando empecé a trabajar con niñxs y adolescentes me llamó imperiosamente la atención la respuesta a la pregunta, ¿para qué estudias?

Las respuestas eran (y siguen siendo) dos:

  1. Para que mis padres estén contentos.
  2. Para que me regalen una play, un móvil, para que me compren un ordenador…

 

Entonces me di cuenta de la importancia de trabajar en las sesiones de coaching educativo con refuerzo escolar la motivación intrínseca, ya que de motivación extrínseca iban sobrados.

Como profesional del coaching, estudiante de psicología y persona de idiosincrasia curiosa me vi lanzada a estudiar e investigar qué decía la ciencia sobre la motivación. No me parece pertinente avasallarte con mis pesquisas sobre estudios científicos que recabé del tema, no es este el objetivo de este artículo. Lo que haremos en este artículo, tú y yo, es recabar, entender y poner luz a aquella información que sí podemos aplicar en casa y que yo aplico en las sesiones.

MOTIVACIÓN INTRÍNSECA

Personalmente la definición de Limonero y Villamarín (2019) me parece muy clara: “Una definición de la conducta motivada intrínsecamente sería la de: conducta cuya ejecución constituye una finalidad por sí misma, y no un medio para una finalidad”. En cristiano diríamos pues que la motivación intrínseca es esa acción que llevamos a cabo y que seguimos llevando a cabo pese a la adversidad, y que la motivación viene implícita en la tarea.

MOTIVACIÓN EXTRÍNSECA

Para definir esta motivación vamos a utilizar la definición de Bandura (1986) y de su teoría cognitiva social. A partir de esta teoría Bandura define la conducta motivada extrínsecamente como “(…) toda aquella conducta en la cual el esfuerzo y la persistencia están regulados principalmente por incentivos externos (objetos o acontecimientos que se producen en el entorno) y de contingencia arbitraria (relacionados con la conducta para una convención social)

Daniel hace divisiones cada día

Vamos con un ejemplo sencillo.

Daniel dedica una hora al día hacer divisiones porque no hay manera de que le salgan bien.

Si Daniel estuviera motivado intrínsecamente, practicaría por el simple hecho de conseguir que le salieran bien estas operaciones. Llegar al colegio y en clase de matemáticas conseguir que la división de cada mañana le saliera a la primera.

Si Daniel estuviera motivado extrínsecamente, practicaría cada día para conseguir la play station 5 que le ha prometido su padre/madre, si consigue aprobar con un notable el examen de divisiones que tiene en tres semanas. O para evitar que su padre le castigue sin salir un mes si suspende dicho examen.

En este punto del artículo cabe esperar que me ponga a explicarte el para qué de motivar a nuestros hijxs en la motivación intrínseca y menos en la motivación extrínseca, al menos a mí me parece el devenir de lectura más lógico.

Podría exponer todas las razones, desde un punto científico, que se han hecho a lo largo de los años aunque me pregunto, ¿es necesario?

Es mucho más práctico y lógico ponerte unos ejemplos y que seas tú mismo/misma la/el que decida si quiere seguir leyendo este artículo o no. Vamos a hacer un ejercicio. De todas estas personas que te presento tienes que definir para qué tipo de motivación trabajan y, desde tu punto de vista, qué sienten al llevar a cabo dicha tarea:

  1. Francisco trabaja para que al final de mes le paguen el sueldo. No le gusta nada su trabajo aunque ese dinero le permite salir todos los fines de semana con sus amigos.
  2. Anastasia trabaja en una empresa de ropa 8 horas al día con contratos que no le garantizan si en dos meses tendrá trabajo o no. De todas formas sigue en el trabajo porque éste le permite comprarse ropa a mitad de precio.
  3. Iván estudia mucho para aprobar cada examen del grado de veterinaria que está cursando. Le encantan los animales, es su vocación, y sueña con un futuro lleno de animales sanos gracias a su dedicación.
  4. Esther tiene un buen trabajo, aunque no le gusta nada y por ello se siente desgraciada. Ha decidido que parte de su sueldo va a ahorrarlo para poder pagarse una formación que le permita llegar a trabajar de aquello que realmente le apasiona.

Fijémonos bien. Francisco y Anastasia trabajan para una finalidad que les va a aportar satisfacción a corto plazo. Me pregunto cómo esa finalidad les va a aportar, a lo largo de su vida, las competencias emocionales que nos conducen a sentirnos plenos: como confianza en las propias posibilidades, adaptabilidad a los devenires vitales, conocimiento de las propias potencialidades, practicar la resiliencia (aquello de que cuando me caigo me levanto) etc.

En cambio, fijémonos en Iván y Esther. En su día a día están poniendo en marcha lo que comentaba ahora; están poniendo en práctica las competencias emocionales necesarias para llegar a sentir aquel eslogan que Loreal puso de moda “porque yo lo valgo”. Sentir que soy capaz de llevar a cabo aquello que anhelo, de llevar a cabo mi vocación sabiendo que habrá días en los que sentiré que nada vale la pena, y otros en los que sentiré que todo tiene sentido.

Iván y Esther tienen una motivación intrínseca:

  • Este tipo de motivación es perdurable en el tiempo y, si se pierde, se puede recuperar recordando qué fui capaz de hacer.
  • La motivación intrínseca es la brasa de un fuego, son los cimientos de una casa, son la base por la cual una persona pierde la noción del tiempo haciendo aquello que le apasiona.
  • Desde un punto de vista emocional, este tipo de motivación, te hace sentir una persona satisfecha, activa, contenta y confiada.
  • La persona motivada intrínsecamente tiene una sensación alta de control sobre la tarea realizada y sus resultados.
  • Las tareas realizadas con este tipo de motivación aumentan la concentración y la implicación en dicha tarea.

Es lo que Ken Robinson escribe en “El Elemento”. Da igual que tu trabajo no te guste si encuentras tu vocación, tu pasión y hallas tiempo para dedicarle. Esto es, ni más ni menos, que motivación intrínseca.

Tampoco vamos a demonizar sobre la motivación extrínseca, de hecho, buena parte de la tareas que realizamos en la vida cotidiana están inundadas por ambos tipos de motivaciones. Lo que me gustaría transmitirte es que enseñar, educar y fomentar la motivación intrínseca aumenta la probabilidad de sentir todas aquellas emociones que nos hacen sentir personas afortunadas; se desarrollan mucho más con este tipo de motivación, ya que la extrínseca es un tipo de motivación mucho más cortoplacista y que deja menos poso de aquellas emociones que se derivan de la satisfacción personal.

¿Para qué educar en la motivación intrínseca?*

La conducta motivada intrínsecamente nace en una necesidad psicológica innata de sentirse competente, la percepción que tengo yo de mis propias habilidades sintiéndome autodeterminado: percibir que yo soy la causa de mi conducta; siendo así yo, como persona, empiezo a percibir que una acción es el resultado de mi decisión y deseo personal, y no de influencias externas o de personas que han decidido por mí. Este sentir llenará la necesidad que todos y todas tenemos de sentirnos competentes al realizar aquellas tareas y objetivos que para nosotros son importantes y que valoramos.

¿Padres/madres controladores o informativos?

Vamos con un ejemplo de ambos casos:

Padres/madres controladores: “si esta semana consigues aprobar el examen de matemáticas que tienes el viernes, te doblo la paga”

Padres/madres informativos: “la madre o/y padre, todos los días, hace los deberes de matemáticas con su hijx, le resuelve las dudas y le explica cómo puede solucionar sus dificultades para estudiar el examen de matemáticas”

Fíjate que en muchas ocasiones escogemos la modalidad controladora. A mí parecer, al tener un modus vivendi estresante con muchos frentes abiertos, esta modalidad es más práctica y resolutiva. A nosotrxs como padres, nos supone poco esfuerzo.

La dificultad está que los acontecimientos controladores disminuyen la motivación intrínseca porque se cambia el locus de causalidad de la conducta de interno a externo. Es decir, yo no voy a decidir estudiar para mejorar en matemáticas y aprobar el examen, sino que decido estudiar para conseguir que mis padres me aumenten la paga.

Y en esta tesitura, ¿qué competencias emocionales aprenden nuestros hijxs que puedan utilizar en su futuro como adultos?

En cambio, los acontecimientos informativos afectan a la motivación intrínseca por medio de la percepción de competencia: yo decido estudiar y pedir ayuda. Yo decido tener paciencia, dedicar tiempo a estudiar; yo decido esforzarme. ¿Nos percatamos de lo mismo? Aquí aprenden varias competencias emocionales que podrán utilizar en su vida adulta: a ser persistentes, a creer en sí mismos, a luchar por los objetivos a conseguir… competencias aplicables a su vida profesional y, para mí lo esencial, a su vida personal.

Obviamente si, en este ejemplo, nuestro hijx suspende el examen de matemáticas tendremos que seguir trabajando la motivación intrínseca con más ahínco, ya que está disminuirá ante el fracaso. Lo podemos hacer combinando dos estrategias:

  1. Repasando el examen. Alabar los aciertos y buscar soluciones a los errores.
  2. Recordando a nuestro hijx las veces que sí ha conseguido aprobar mediante su esfuerzo. También recordarle que no es que no es capaz de aprobar, sino que tan solo necesita más tiempo para entender.

 La retroalimentación positiva aumenta la MI

Cierto es que demostrar empíricamente que la ME contiene costes ocultos a nivel emocional es muy complicado. En los experimentos que llevo a cabo Deci y sus colaboradores fueron bastante criticados (valga decir que todas las teorías tienes sus detractores).

Aún sabiendo esto, es cierto que la retroalimentación positiva aumenta la MI y la negativa la ME. De todas formas no hace falta ser científico para poder llegar a esta conclusión.

David Bueno explica en “Neurociencia para educadores” por qué el castigo punitivo en las escuelas funcionaba. El cerebro es capaz de hacer cualquier cosa para evitar el dolor que le va a suponer no hacer bien una suma. Aquel famosos dicho de “la letra con sangre entra” ¡Pues claro que entra!, aunque ¿a qué precio? Porque lo que aprende el cerebro es a temer a aprender cuando nos pasamos toda la vida aprendiendo, ¡y mucho! El aprendizaje del colegio es hasta anecdótico si lo comparamos con todos los aprendizajes que llevamos a cabo a lo largo de todo nuestro ciclo vital.

Según Limonero y Villamarín, el experimento más completo sobre los efectos de la retroalimentación positiva lo llevaron a cabo Vallerand y Reid (1983). Los resultados mostraron que los estudiantes (los investigadores utilizaron estudiantes de educación física) que recibieron retroalimentación positiva mostraron una competencia percibida mayor y mayor MI, comparado con los estudiantes que recibieron una retroalimentación negativa.

Concluyendo…

Ciertamente, si has llegado hasta aquí es que el tema te interesa. Entonces valora que en qué tipo de motivación estás educando y de si es pertinente cambiar tu punto de vista a este respecto.

Hablo con muchos padres y madres sobre lo poco motivados que están sus hijxs. Me da la impresión que, como adultos, creemos que la motivación es algo que nuestros hijos e hijas puedan recoger, fomentar o aprender de forma sencilla y ciertamente no lo es.

Sí, es verdad, hay personas que nacen con esa motivación tan contagiosa que todos y todas quisiéramos tener aunque, ¿cuántas personas conoces así?

Además no es posible estar motivado siempre, es una utopía. Parafraseando al coach y psicólogo Alfonso Alcántara: no es posible estar motivado siempre, céntrate en los motivos por los cuales te levantas por la mañana y haces eso que no te apetece hacer.

Te leo 🙂

* Teoría de la evaluación cognitiva de Deci (1975) como base y como herramienta para asentar aquellas acciones que podemos llevar a cabo para potenciar y empezar a trabajar la motivación intrínseca en familia. Esta teoría parte de las ideas de White (1959) sobre la motivación de “efectancia” y de DeCharms (1968)  sobre la causación personal y la autodeterminación de la conducta.

Bibliografía

Bueno i Torrens, D. (2017) Neurociencia para educadores. Barcelona: ediciones OCTAEDRO.

Limonero García, J. T; Villamarín Cid, F.(2019) Motivación. Barcelona: Ed. Oberta UOC Publishing SL

Robinson, K; Aronica, L. (2015) El Elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo. Barcelona: ediciones DEBOLS!LLO clave

 

 

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