Son muchos las madres/padres que se preocupan, y mucho, de la falta de compresión lectora de sus hijos/hijas.

La falta de entendimiento de un texto dificulta el aprendizaje y el estudio de los exámenes que deben superar, sobre todo en secundaria.

Con el auge de la aplicación de la neuropsicología en la educación, se puede llegar a entender porqué alguno/as niño/as empiezan a leer y escribir sin dificultades y otro/as no.

Aún teniendo estos conocimientos, a mí entender, es fácil comprender porqué hay niños y niñas con dificultades y otros/otras sin ellas. Es verdad que todos somos humanos y también es cierto que somos diversos. Si partimos desde esa diversidad es muy simple entender que cada uno y una de nosotr@s requiere de un tiempo distinto para entender, comprender y gestionar; de la misma forma que si yo voy a comprar zapatos me los probaré del número 39, y tú igual del 42.

A ninguno de los que estamos aquí ahora se nos ocurriría forzar a otra persona a llevar un calzado con un número que no fuera el suyo, pero con la lectura, la escritura y con la gran mayoría de los aprendizajes escolares de los niños se hace.

Te voy a contar la historia de Pedro:

Pedro está en 4º de primaria. Le cuestan las matemáticas, sobre todo entender los problemas; lee muy despacio y la mayoría de veces le cuesta entender lo que está leyendo. Por ello se siente inseguro y cree que necesita siempre de un adulto para hacer sus deberes; él espera que un adulto le haga los deberes ya que él no sabe. También tiene ciertos problemas de salud que provocan que su aprendizaje sea más lento.

Le cuesta tanto entender los problemas de matemáticas, que su padre se pasa 8 horas un domingo intentando que Pedro entienda el problema; Pedro, ante la exigencia y nervios de su padre, se pone aún más nervioso y sigue sin entenderlo.

¿Qué le estamos diciendo a Pedro?

Que no es suficiente, que depende de otra persona para entenderlo. Que no es suficientemente inteligente para entender los problemas de matemáticas, que lee despacio porque es lento.

Cuando en realidad lo que necesita Pedro es tiempo, empatía, comprensión, no exigencia y que le den valor a él como niño, como persona. Que entienda que al colegio se va a aprender, no ha hacer bien los deberes y tareas. Lo que Pedro necesita es que sus padres reconozcan su esfuerzo y trabajo, no las notas con valor cuantitativo de 5 y algún suspenso.

¿Cómo podríamos acompañar a Pedro para que fuera creyendo en sí mismo?

Valorando su esfuerzo, trabajo y tesón. Centrarnos es sus éxitos y mostrarle que el “error” forma parte del camino de aprender, que no pasa nada, que él es tan válido como cualquiera. Acompañarlo para que entienda y finalmente sienta que cada uno y una de nosotr@s necesita tiempo, un tiempo distinto, y que si ahora no sabe resolver un problema de matemáticas ya lo hará, tan solo necesita más tiempo.

¿Qué deciden hacer sus padres para que Pedro resuelva y entienda ipso facto los problemas de matemáticas y lea más rápido?

Le ponen al lado a un niño 5 años mayor que él para que haga los deberes. De esta forma los hará bien y no mal. Así irá al colegio con los deberes bien resueltos.

Es cierto, Pedro irá con los deberes bien hechos al cole y totalmente convencido de que él solo no puede. Que al cole se va a hacer bien las tareas, a entenderlo todo a la primera; que él no es lo suficientemente inteligente para aprender a hacer los deberes solo, sin ayuda. Él necesita de una persona que lo guíe todo el rato, a su lado pegado como las calcomanías que a veces regalan con los chicles de fresa que compra.

Y así la historia se repite, una y otra vez, de niños y niñas que crecen sintiéndose inseguros, dependientes totalmente de un adulto, creyendo que no son suficiente, que una nota los califica como personas sin importar sus cualidades personales, su esfuerzo, trabajo y tesón. Luego pedimos que nuestros hijos/hijas adolescentes sean responsables y autónomos para decidir su futuro. Luego nos sorprendemos de que haya adultos tan inseguros e inmaduros, ¿que extraño, verdad?.

Pedro me representa a mí como la niña que fui y que todavía tengo en mi interior. Te representa a ti y a tod@s nosotr@s porque aunque te lo cuente como un cuento, es una historia real que lamentablemente se repite de forma constante y taxativa.

En este vídeo te recomiendo dos libros para, que si lo necesitas, puedas entender la historia de Pedro a través de su cerebro y  sus necesidades fisiológicas a este respecto.

También te comento otros posibles factores sobre la falta de comprensión lectora y un posible camino para que los niños y niñas pequeños crezcan amando, o al menos no rechazando, la lectura.

Bibliografía:

Neurociencia para educadores de David Bueno y Torrens.

Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación de Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith.

 

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