Defusión cognitiva y valores en ACT: cómo actuar en dirección a lo que importa

Defusión cognitiva y valores en ACT: cómo actuar en dirección a lo que importa

En la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), no se trata de conseguir que nunca aparezcan pensamientos o emociones desagradables. Se trabaja, entre otras cosas, en cómo nos relacionamos con esas experiencias y en si nuestras acciones se acercan a lo que consideramos importante.

Dos conceptos ayudan a entender este enfoque: fusión cognitiva y defusión cognitiva. También es útil distinguir entre lo que sentimos y la dirección en la que queremos actuar. No son lo mismo, aunque puedan estar presentes a la vez.

Fusión cognitiva: cuando un pensamiento o una emoción empieza a dirigir la acción

Tener pensamientos y sentir emociones es parte de la experiencia humana. La fusión cognitiva no consiste simplemente en que aparezca un pensamiento difícil o una emoción intensa, sino en quedar tan atrapadas en su contenido que respondamos a él como si fuera una verdad incuestionable, una orden o una descripción completa de la realidad.

Por ejemplo, ante el pensamiento «voy a hacerlo fatal», una persona podría dejar de participar en algo que le importa. La fusión no está en tener ese pensamiento o una emoción concreta, sino en que se convierta en una instrucción que estrecha las opciones.

Desde la ACT, importa observar qué función cumple ese pensamiento en ese contexto y qué efecto tiene en la conducta. No se trata necesariamente de decidir si el pensamiento es verdadero o falso, sino de comprender cómo nos relacionamos con él y qué acciones organiza (Luciano Soriano & Valdivia Salas, 2006; Wilson & Luciano Soriano, 2002).

Defusión cognitiva: ver el pensamiento como un pensamiento

La defusión busca crear algo de espacio entre una persona y lo que está pensando. En lugar de responder automáticamente al contenido, podemos reconocer: «Estoy teniendo el pensamiento de que voy a hacerlo fatal».

Esto no demuestra que el pensamiento sea falso, ni garantiza que desaparezca la ansiedad. La idea es poder observarlo como un evento mental —algo que está ocurriendo— y valorar qué acción tiene sentido en la situación.

Por eso, defusión no significa suprimir pensamientos ni emociones, distraerse a toda costa ni sustituirlos siempre por otros más positivos. En ACT se busca cambiar la relación con los eventos privados y el contexto en el que influyen, para que su contenido no determine automáticamente lo que hacemos (Luciano Soriano & Valdivia Salas, 2006).

Emociones y valores: responden a preguntas diferentes

Una emoción es una experiencia que podemos notar: miedo, alegría, tristeza, enfado, vergüenza. Puede cambiar de intensidad y aparecer en situaciones diversas. No tenemos que tratarla como un fallo ni esperar a que desaparezca para preguntarnos qué hacer.

Un valor, en cambio, es una dirección elegida para la acción: una cualidad de cómo queremos comportarnos y relacionarnos con las distintas áreas de nuestra vida. En ACT, los valores no son estados emocionales ni objetivos que se completan; orientan patrones de acción que pueden mantenerse y desarrollarse con el tiempo (Wilson & Murrell, 2004; Dahl, 2015).

Podemos plantearnos dos preguntas distintas:

  • Emoción: ¿qué estoy sintiendo ahora?
  • Valor: ¿cómo quiero actuar, en esta situación, en relación con lo que considero importante?

Por ejemplo, alguien puede sentir miedo y, al mismo tiempo, querer actuar con respeto en una conversación difícil. Actuar desde el respeto no exige dejar de sentir miedo. Tampoco significa ignorarlo: significa reconocerlo y considerar qué conducta resulta posible y adecuada en ese momento.

Los valores tampoco son una lista de normas que la psicóloga impone. La exploración busca identificar lo que la persona considera importante y qué forma concreta puede tomar en sus acciones. Una palabra como «respeto» empieza a ser más útil cuando la persona explica qué significa para ella y cómo quiere llevarlo a la práctica.

¿Por qué se trabaja con valores en ACT?

Los valores ayudan a dar dirección a la terapia. Permiten explorar qué áreas de la vida importan para la persona y qué pequeños pasos podrían acercarla a ellas. Una meta puede alcanzarse —por ejemplo, completar una tarea—; un valor funciona más como un rumbo que puede expresarse en muchas acciones.

También sirven para pensar cómo actuar cuando aparecen emociones o pensamientos difíciles. Si la única condición para hacer algo importante es «primero tengo que dejar de sentir ansiedad», la acción puede quedar aplazada cada vez que la ansiedad aparece. En ACT se explora si existe una acción significativa, viable y ajustada al contexto que pueda hacerse con el malestar presente, no necesariamente después de eliminarlo.

El trabajo en valores no consiste en conseguir que alguien cumpla un ideal de vida ni en medir si es una persona «buena». Tampoco promete que actuar en dirección a los valores elimine los síntomas. Su función es ayudar a que las decisiones terapéuticas se vinculen con lo que importa a esa persona, y no solo con el intento de controlar lo que siente.

Un ejercicio personal de valores

En consulta, un ejercicio que me parece fundamental, es el trabajo en valores. Se trata de escoger entre 5 o 6 valores, de una lista donde se presentan unos veinte valores. Una vez escogidos, estos valores actúan como un faro para un barco perdido en una tormenta. Cuando se han escogido los valores fundamentales, se procede a su redacción: ¿que es ese valor para mí? Cada persona es un mundo, así pues, definir cada valor es primordial para que éstos sirvan de guía, sobre todo ante situaciones emocionalmente complejas.

Comparto contigo un trabajo en valores realizado por una chica de 15 años, con permiso de su autora. Es un ejemplo personal: no pretende representar a todas las personas adolescentes ni establecer una definición universal de estos valores, sino que este ejercicio pretende ser una muestra del trabajo profundo y hermosa que hizo esta joven y ser un ejemplo de lo que te he explicado hasta ahora.

Para esta chica, sus valores fundamentales son: el respeto, el amor, la empatía, la integridad y la responsabilidad.

Respeto:

Para mí, ser respetuosa es tratar con amabilidad a todas las personas, aunque no me caigan del todo bien. Tanto a los demás como a mí misma.

 

Amor:

Para mí, el amor es [fragmento tachado e ilegible] imprescindible, lo que te define como persona no es ni el físico ni los logros, es el amor que llevas dentro. El que das a los demás y con el que te tratas a ti misma.

 

Empatía

Para mí, ser una persona empática puede abrirte muchas puertas. El ponerte en los zapatos de alguien, puedes sentir lo que otros sienten en carne propia, lo que te ayuda a entender a esa persona. Y sobre todo, ganarte su amor y confianza. También es importante ser empática contigo misma, pensar en como tratarías a alguien que fuese exactamente igual que tú.

 

Dignidad, integridad:

Para mí, tener dignidad es ser fiel a nosotras mismas, aunque no nos beneficia. Saber lo que de verdad valemos, y cuánto valor tiene que seamos como somos.

Responsabilidad

Para mí, ser responsable es ser consciente de lo que haces o dices, y asumir las consecuencias de tus actos. Además, saber tus obligaciones y ser independiente.

 

Bibliografía

Bramwell, K., & Richardson, T. (2018). Improvements in depression and mental health after acceptance and commitment therapy are related to changes in defusion and values-based action. Journal of Contemporary Psychotherapy, 48, 9–14. https://doi.org/10.1007/s10879-017-9367-6

Dahl, J. (2015). Valuing in ACT. Current Opinion in Psychology, 2, 43–46. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S2352250X15001062

Luciano Soriano, M. C., & Valdivia Salas, M. S. (2006). La terapia de aceptación y compromiso (ACT): Fundamentos, características y evidencia. Papeles del Psicólogo, 27(2), 79–91. https://www.redalyc.org/pdf/778/77827203.pdf

Wilson, K. G., & Luciano Soriano, M. C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso (ACT): Un tratamiento conductual orientado a los valores. Ediciones Pirámide.

Wilson, K. G., & Murrell, A. R. (2004). Values work in acceptance and commitment therapy: Setting a course for behavioral treatment. En S. C. Hayes, V. M. Follette, & M. M. Linehan (Eds.), Mindfulness and acceptance: Expanding the cognitive-behavioral tradition (pp. 120–151). Guilford Press.