Soy Sonya Lanzas

¡y quiero presentarme!

Soy Sonya Lanzas

¡y quiero presentarme!

¿Has mirado alguna vez a tu alrededor y te ha parecido que todo el mundo “lo tiene claro” menos tú? ¿Entras en modo bloqueo solo de pensar en competir con todas esas marcas y profesionales estupendos y centradísimos que hacen lo que a ti te gustaría hacer? ¿Crees que TÚ no puedes?

Pues voy a darte un respiro: eso que habla es tu miedo. Y si le cierras esa bocaza enorme que tiene, podrás escuchar tu propia voz. La que te diferencia y está en la base de una marca auténtica. Ya sé que da vértigo exponerse y arriesgarse a dar la nota, pero defender una marca que no sientes es insostenible.

La autenticidad cuesta, lo sé, ¡yo aún estoy en ello! Para sacarla tienes que conocerte, ser valiente y aceptar que no vas a gustarle a todo el mundo. Pero, ¿cuál es el drama? Hagas lo que hagas, habrá gente a la que no le gustes así que, al menos, date el gustazo de ser tú.

Es lo que pienso hacer yo en las próximas líneas.

Sí, he escrito megahostia, has leído bien. Te dije que iba a ser yo misma y yo digo tacos (no te preocupes, no tenemos por qué incluirlos en tu plan de marca personalizado).

Las hostias vitales son acontecimientos brutales que no te esperas y que lo cambian todo. Seguro que la vida te ha dado alguna, ¿verdad?

Mi padre murió cuando yo tenía 19 años. Aquel día de julio me había ido a la playa con mi hermana y unos colegas. Acababa de matricularme en la Escuela Grisart de Fotografía y, allí tumbada, agradecía a la vida todo lo bueno que estaba punto de pasarme. De repente, sentí un vuelco feo en el corazón. Miré el reloj: las cuatro de la tarde. No me preguntes cómo, pero percibí que mi vida había cambiado para siempre.

Llegué a casa y ya no volví a ver a mi padre, con todas las mierdas que aquello suponía. Tuve que empezar una nueva vida con la sensación de haber cumplido de golpe 40 años, en lugar de los 20 que me correspondían. Siempre que lo recuerdo me emociono y me pongo llorar; ahora también.

La megahostia
vital

De esa megahostia vital puteadora obtuve dos aprendizajes de altísimo valor:

EL PROFESIONAL

Con 19 añitos y sin tener ni idea, estaba al frente de una empresa junto a mi hermana y mi madre. Ahí empecé a entender por qué hay tantos trabajadores desmotivados y tantos jefes quejándose de ellos. Aprendí sobre organización, rentabilidad, valor diferencial, competencia y muchas otras áreas. Todos estos conocimientos, sumados a mi formación académica posterior, me han capacitado para hacer coaching de marca y coaching profesional.

EL PERSONAL

Cuando las cosas se ponen difíciles, necesitas a alguien con experiencia que te enfoque, te motive y te ponga los pies en el suelo. Puede ser tu madre, tu padre, una amiga, un psicólogo o una coach. Por eso me dedico al coaching para adolescentes: veo tanto talento desordenado y tanta juventud confundida, que no me apetece que nadie pase por lo que yo pasé. Para conseguir tus objetivos tienes que currártelo, sí, y dejar tiempo para disfrutar la vida también.

Y ahí estaba yo, en el ojo del huracán. A mi manera gritaba para salir, pero nadie me daba el empujón que necesitaba. Seguía trabajando en la empresa familiar y estudiando como podía.

Me las apañé para terminar el bachillerato a distancia y hacer un curso de Auxiliar Veterinario que me dio trabajo durante cuatro años, hasta que tuve a mi hijo Iker y me dieron la patada. Nadie me había dicho que existía la depresión postparto y nadie me la diagnosticó cuando se me echó encima.

Un año después de ser madre me divorcié del que había sido mi novio de toda la vida. No, no estaba loca: estaba cuerda y bien lúcida y el tiempo me confirmó que había tomado la decisión correcta.

Estaba servida la segunda ración de aprendizajes en forma de despido, depresión y divorcio. Que no digo que solo se pueda aprender de los momentos duros, pero mi historia es la que es.

Marchando otra ración de host… o sea… de aprendizajes

 Y esto fue lo que me dejó:

El miedo no tiene por qué ser un impedimento. Al contrario, puede ser un gran aliado para lanzarte a por tus objetivos si lo gestionas como es debido.

Los tabús y limitaciones que nos imponen socialmente se superan con ACCIÓN.

Eres capaz de muchas más cosas de las que crees. ¡Muchísimas más!

Si miras hacia atrás, a los problemas que antes te quitaban el sueño, tal vez descubras que no tenían tanta importancia. Con los que tienes ahora, te sucederá igual.

Se me puede acusar de muchas cosas: de ser impulsiva, un poco malhablada o tener un punto gamberro. Pero nadie puede decir que no sea una currante de los pies a la cabeza. Y si trabajas conmigo, también te haré currar a ti, que lo sepas.

Pero reconozco que esto de trabajar como si no hubiera mañana se me fue de las manos y me pasó factura. 

Tras el divorcio mi vida entró en programa de centrifugado: los trabajos, los estudios y las relaciones empezaron a girar a un ritmo vertiginoso. Imagínate una de esas lavadoras antiguas que empiezan a dar botes y a hacer un ruido infernal. Pues eso, pero dentro de mi cabeza.

Trabajaba hasta el agotamiento: en la empresa familiar, fines de semana y festivos en una empresa de eventos, community manager por horas… Estudiaba Comunicación en la UOC, Community Management en la UNED, inglés en la EOI y me apuntaba a todas las formaciones en coaching. Tuve algunos rolletes, una relación estable de un par de años y un hijo precioso que seguía necesitándome.

Tanto trabajo, ¡tanto!, me dejaba a cero patatero de energía. Me ponía enferma cada dos por tres, sufría ansiedad, estrés y, como consecuencia, arranques de llanto y depresión. Suena bien, ¿eh?

Sola sí; pero TODO sola, no. Capaz sí, pero capaz de TODO, no. Saber cuándo parar es tan importante como saber cuándo volver a empezar.

Hace cuatro años conocí al que hoy es mi marido y ¿sabes qué? Ni todo fue de color rosa ni volamos sobre arcoíris de piruleta en nubes de caramelo. El mito romántico conduce a tantas decepciones como el de que todos los sueños se cumplen y si no, culpa tuya. Fue complicado al principio, pero ahora formamos un GRAN equipo, también a nivel profesional.

Y diez más para llevar

Gracias a eso pude lanzarme a trabajar en lo que me apasiona: el coaching.

Creé una marca punky y una vida punky. En dos años me he plantado donde estoy y he empezado a estudiar psicología: el complemento perfecto para acompañarte y ayudarte mejor.

Sigo aprendiendo cada día y gozando del proceso con más profundidad, consciencia, gratitud y equilibrio que nunca.

Estos diez últimos te los envuelvo para regalo:

1. Los cambios que deseas en tu vida no llegan cuando quieres, sino cuando estás preparado.

2. Nunca es tarde para empezar (o volver a empezar).

3. Pedir ayuda no es una vergüenza ni te convierte en inútil.

4. Con un buen equipo de trabajo eres mucho más productivo y eficiente.

5. Tenemos la manía de complicarnos la vida mucho más de lo necesario.

6. La felicidad perfecta se la han inventado BMW y Coca-Cola. Yo prefiero la satisfacción del sentir y el hacer: me parece mucho más tangible, real y honesta.

7. Todo depende de tu punto de vista. ¿Qué más da que te digan que sí puedes cuando tú crees que no? ¿Qué más da que te digan que estás como un queso si tú te ves como la novia de Chucky? Trabaja en tus creencias, vive en línea con tus valores y fliparás con con los resultados.

8. No puedes saber lo que quieren y piensan lo demás si no se lo preguntas. ¡Que no eres la pitonisa Lola!

9. Siempre es de dentro hacia fuera. ¡Siempre!

10. Y como diría el maestro marketiniano Joan Boluda… en cien años todos muertos. Ahí lo dejo.

Buah… ¿sigues ahí? Entonces ya lo sabes (casi) todo: ni postureos, ni gurulandias, ni fórmulas mágicas. Lo que tengo para ti es una alternativa realista y muy humana para enfocar tu camino profesional en paralelo a tu desarrollo personal. Otra cosa sería empezar la casa por el tejado y cualquier día de estos se te cae en la cabeza.

Tenemos que hablar YA para que me cuentes por lo que estás pasando, qué te preocupa, qué quieres conseguir (o si no tienes ni idea de qué demonios quieres) y cómo puedo ayudarte.

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