Sin incomodidad no hay mejora.

Hay 2 constantes que se mantienen a lo largo de las sesiones de coaching.

Tengan la edad que tengan los clientes con los que trabajamos, siempre acabamos en el mismo punto en algún momento de la sesión:

No hay respuestas rápidas, ni soluciones definitivas.

Las sesiones no son un paseo por la playa ni un tapeo con los amigos.

 

Las respuestas que buscamos no las encontramos cada vez que las pedimos. En muchas ocasiones aquellas respuestas que necesitamos encontrar, no las hallamos hasta que no estamos preparadxs;  no las obtenemos cuando queremos, sino cuando estamos preparadxs para asumirlas y transitarlas.

Las soluciones que queremos encontrar no son definitivas. En ocasiones aquellas conductas, aquellas emociones sostenidas o aquella manera de comunicarnos nos dejan de funcionar, ya no nos hacen sentir tan bien como antes. Para ello siempre hay la posibilidad de reequilibrar, de reestructurar y recomenzar. La vida nos muestra que el “re” es una constante infinita.

Hay sesiones que son agradables y divertidas, aunque también hay muchas otras (la mayoría) que son duras, que nos mantienen durante unos días removidxs e incómodxs. Esa incomodidad es estrictamente necesaria, ya que sin incomodidad no hay mejora, no se avanza.

 

Así que si, en ocasiones, en una sesión de coaching te sientes incómoda/incómodo tranquil@, significa que estás en el camino de conocerte y encontrarte a ti mism@.

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