Esta mañana, como en muchas otras ocasiones, me ha llamado un padre preocupado por la desmotivación y pocas ganas que está poniendo en sus estudios.

Dejando de lado los síntomas emocionales que todos estamos viviendo a causa de la pandemia, esta preocupación es siempre generalizada.

Cuando un padre/madre me llama para contarme estas dificultades yo siempre respondo lo mismo: haz sesiones de coaching individual.

Las dificultades que nosotrxs vivimos con nuestros hijxs son NUESTRAS dificultades, no la de nuestros hijxs.

  1. Nuestra dificultad en no soltar.
  2. Nuestra dificultad en dejar de controlar.
  3. Nuestros miedos a que no sean esto o lo otro (miedos que son nuestros y que les ponemos encima como si fueran una losa de 500 kg)
  4. Nuestra dificultad en no querer aceptar que nuestros hijxs son como son, no como nosotrxs queremos.
  5. Dificultad en dejar SER, en dejar que cometan errores como proceso indispensable para conocerse a uno mismx.
  6. Dificultad en entender que, para que nuestrxs hijxs aprueben exámenes, hay que trabajar en sus emociones, hay que educar en alfabetización emocional.
  7. Dificultad en dejar de tratar a nuestros hijxs adolescentes como si fueran niñxs pequeñxs.
  8. Dificultad en dejar de exigir y aleccionar.
  9. Dificultad en dejar de comparar lo que yo era y mi hijxo es.
  10. Dificultad en querer imponer lo que “yo creo que deberías ser y hacer” y no en lo que es.

Este es el camino. Este es el camino para que nuestrxs hijxs vivan un futuro lo más sano posible.

Cierto es que nuestrxs hijxs deben de aprender mucho, y más cierto es aún que nosotrxs como padres y madres debemos de aprender el triple que ellxs. Si, has leído bien, nosotrxs tenemos que APRENDER mucho más que nuestros hijxs.

Todo esto es lo que trabajamos en las sesiones de coaching para padres y madres.

Enseñemos a pensar, no a qué pensar.

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