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Tener 40 años, y tal vez alguno más, te da mucho que reflexionar.

Sobre todo si tu vida da un vuelco de 360 grados casi sin darte ni cuenta. Estas situaciones son las que se viven cuando empiezas a convertirte en un cuarentón.

Que valoras los cambios, tanto positivos como los negativos, de otra manera. Les sacas jugo y eres capaz de ver a lo lejos qué te han aportado esos cambios; es lo que llamamos experiencia.

Al menos es lo que yo he experimentado hasta ahora, y por lo trabajo en las sesiones de coaching con personas de mi misma edad, veo que mis sentimientos y mis reflexiones no están muy alejadas de la realidad.

Como ves todo esto da mucho en que pensar y me apetece compartir contigo la reflexión a la que he llegado en esto de la felicidad:

¡A la mierda la felicidad!

Sí, suena radical; y es que lo es. Me he pasado años buscando la felicidad.

Pensaba… cuando tengas y/o consigas esto, lo otro y aquello voy a ser feliz. Cuando llegaba el momento obviamente sentía felicidad aunque se disipaba al poco tiempo.

Llegué a la conclusión que de tanto buscar la felicidad, sentía en muchas ocasiones, infelicidad, frustración e insatisfacción.

Odin Dupeyron lo cuenta de maravilla en este vídeo. Con mucho sentido del humor, mucha honestidad y humildad.

Cada vez que oigo a alguien hablar sobre su felicidad y qué hace o no debe para ser feliz que me ponen los pelos de punta.

¡Qué obsesión con ser feliz!

Que si debes pensar esto, que si debes hacer lo otro.  Si tienes un día de mierda tu felicidad baja empicado y si tienes el trabajo de tus sueños es imposible ser infeliz.

¿Pero, qué me estas contando?

Cuando oigo la palabra Felicidad a mi me suena a vacío.  A una palabra sin significado.  La felicidad es muy subjetiva, diferente para cada uno de nosotros.

Muchas veces hago balance sobre esto de la felicidad y aún no lo tengo claro.  Siento que es un recurso publicitario más para no conseguirla nunca.  El rollo que se gastan algunos para vendernos cosas que no necesitamos y para meternos a calzador las vidas artificiales, de algunos,  hinchadas a marketing.

Los momentos más duros de mi vida son los que al final me han resultado más productivos.

Esos malos momentos me han ayudado a superarme, a conocer mejor mis límites y mis preferencias.  A saber lo que quiero y lo que no quiero.  Entonces, ¿por qué todos nos repetimos constantemente si somos felices? Al fin y al cabo los momentos de infelicidad también son super ricos y provechosos.

¡Pero claro en esos momentos no somos felices!

No se tú pero yo estoy hasta la peineta de tanta obsesión por ser feliz.  Hasta el gorro de los vídeos donde nos dan lecciones de qué hacer o no hacer, de qué agradecer o no agradecer.  Todo me suena a paparruchadas sin sentido y que acaban por frustrar.

¡Estoy agotada de intentar ser feliz!

Me parece que al final la Felicidad es una utopía.  Un sueño que nunca se cumple.  Porque aunque cumplas tus objetivos siempre habrá algo que fallará.  Que saldrá mal.  ¡Obvio!

Lo tengo decidido.

Voy a suprimir de mi vocabulario la palabra “Felicidad” y la voy a substituir por la palabra “Satisfacción”

Al fin y al cabo lo que cuenta es que te sientas satisfecho con lo que haces.

Satisfecho con lo que eres.

Satisfecho con los buenos momentos.  Sabiendo que los viviste de forma consciente.  Siendo tú, saboreando tus logros y aprendiendo de tus fracasos.

Satisfecho en los malos momentos, entendiendo que los estas sobrellevando y si no lo haces, conocerás como hacerlo mejor la próxima vez.

Yo he empezado a probarlo y es increíble el cambio.  Mirando para atrás estoy transformando la felicidad en satisfacción y me siento mucho más reconfortada.

Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos nos deja huella como individuos, en nuestro trabajo y en nuestras relaciones personales.  El método de substituir palabras que definan mejor lo que sentimos o nuestro bagaje vital puede ayudarnos mucho a soltar miedos y a aceptar mejor nuestros errores para convertirlos en experiencias vitales necesarias y positivas. 

¡Un fuerte abrazo!

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